Se priorizan APIs oficiales, consentimiento claro y respeto a directrices de uso. Los agentes comprueban robots.txt, limitan frecuencias y almacenan evidencias con sellos temporales verificables. De este modo, cada conclusión se puede auditar y, si el comercio responde, comparar su explicación con los datos capturados. La confianza no nace de corazonadas, sino de trazabilidad meticulosa.
Las etiquetas esconden asteriscos y matices: unidades por paquete, tamaños variables, costos de envío y condiciones que anulan la supuesta ganga. Un pipeline de procesamiento de lenguaje identifica porcentajes, detecta palabras que relativizan la oferta y normaliza precios por unidad. Incluso detecta shrinkflation al relacionar volumen, peso y precio, evitando comparaciones injustas entre envases estratégicamente rediseñados.
Algoritmos de series temporales separan estacionalidad de movimientos sospechosos, mientras detectores de anomalías marcan saltos artificiales previos a campañas. Clasificadores reconocen anuncios con urgencia manipulada y segmentan categorías con volatilidad inherente. Cuando una elevación breve antecede a un gran rótulo de rebaja, el sistema resume evidencias, sugiere un precio de referencia y propone alternativas transparentes.
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